Cospedal, ocho meses después

Una de las cosas más extrañas que ha hecho Rajoy desde que es presidente ha sido subir el IRPF y el IBI. Una medida “temporal y extraordinaria”, según enfatizó la vicepresidenta plenipotenciaria del Gobierno. Lo que no aclaró es por cuanto tiempo se extenderá esta genial idea y por qué ahora existen motivos extraordinarios que la justifican y no cuando gobernaba Zapatero y hacía exactamente lo mismo. Ya saben aquello de los toros y la barrera…

María Dolores de Cospedal sigue la estela de Rajoy. Se presentó a las elecciones autonómicas de mayo encaramada a lomos de una crisis en Castilla-La Mancha azuzada, básicamente, por los datos del paro y por la deuda y el déficit generado en la Administración regional. Gran parte de ese agujero se debe a la inversión en sanidad, educación y bienestar social que destinó el Gobierno anterior, pero ella prefirió tirar por la calle de enmedio. Que si el aeropuerto de Ciudad Real, que si la quiebra de CCM, que si el chiringuito de las subvenciones. Y así. Barreda fue presentado como un manirroto dispuesto a fundirse las arcas regionales. Y no digo que el de Ciudad Real fuera Adenauer, pero la campaña del PP llegó al extremo de colgar carteles que clamaban: “si quieres empleo, vota PP”. Toma nísperos. El mensaje equivalía a decirle a la gente: olvídense de estos ineptos que no saben más que fabricar parados y despilfarrar el dinero y vótennos a nosotros, que somos gestores serios, que cumplimos la palabra y que tenemos muchísimo sentido común.

Hace ocho meses, la prioridad era el empleo. O eso dijo Cospedal en campaña. Ahora resulta que es el déficit. Hace ocho meses todo eran promesas en Castilla-La Mancha de un futuro esplendoroso en el que la región iba a marchar viento en popa y a un ritmo de creación de empleo nunca visto. Insisto: no exagero, es lo que dijo Cospedal durante la agria campaña que protagonizaron tanto ella como su adversario.

Ahora todo ha cambiado. Desde que gobierna esta región la secretaria general del PP, Castilla-La Mancha se ha distinguido en el panorama nacional por aplicar recortes, devaluar la enseñanza pública, poner a los funcionarios en el disparadero, paralizar obras públicas, regatear infraestructuras en las zonas rurales y cerrar 85 centros de información y 13 casas de acogida para mujeres.

Ocho meses después de su ascenso, el Ejecutivo regional ha descubierto que la tormenta no amaina ni aunque esté la derecha en el poder. Cospedal ha sacado adelante la ley de emprendedores, aunque sus efectos todavía sean nulos. Pero no ha sido capaz en este tiempo ni siquiera de establecer un calendario de pagos a los proveedores, que además lo fía para verano. No ha conseguido reducir el número de parados (al contrario, se ha incrementado por las medidas adoptadas para reducir el gasto) y no ha cumplido su palabra de eliminar organismos y fundaciones vinculadas a la Junta de Castilla-La Mancha, condenando a estas entidades a una situación de ingravidez que ni las mantiene activas ni las cierra por completo, con el consiguiente perjuicio laboral para los trabajadores. Pura indefinición. Pura demagogia.

El remate -por ahora- ha sido el anuncio de que va aplicar el impuesto de patrimonio después de jurar y perjurar que no iba a subir impuestos, y mucho menos el de patrimonio. Cospedal quiere recaudar 16 millones de euros y, claro, le pasa lo que a Barreda o Zapatero, que no le salen las cuentas. De ahí que ahora la subida tributaria se plantee como un trágala, cuando hogaño no eran más que puñaladas traperas que el PSOE asestaba a las clases medias. Cospedal se opuso a la aprobación del Impuesto de Patrimonio aprobado por el Gobierno de Zapatero el pasado septiembre. Según leo en EXPANSIÓN, en concreto, proclamó: “más impuestos equivale a más paro”, y luego prometió que no lo aplicaría. Hasta hoy, claro, cuando su consejero de Hacienda ha asegurado que recuperar este impuesto “es de sentido común”. Ella mismo dijo después de presentar su tijeretazo y antes de que Rajoy ganara las elecciones: “Nunca se sale de una crisis subiendo los impuestos”. Acabáramos.

Los vaivenes en la política fiscal ejemplifican la simpleza y la parsimonia con la que el Partido Popular se está tomando la responsabilidad de dirigir esta tierra.

Está empezando a calar, sobre todo entre responsables municipales, una preocupante sensación de parálisis en la acción del Gobierno regional. Incluso la prensa afín ha tirado de las orejas a Cospedal por la falta de tiempo que le dedica a la que debería ser su principal tarea. Incluso los suyos susurran en bajito que ya es hora de superar esa primera fase de la queja permanente y el gimoteo cansino y farrogoso. Antes de ganar, Cospedal ya sabía a lo que se enfrentaba, así que ni la falta de liquidez ni la tasa de paro deberían ser obstáculos para quien aseguró tener la fórmula para sacarnos del atolladero. Los ciudadanos la eligieron para que les resolviera sus problemas, no para perpetuar el lloriqueo.

La presidenta ha conseguido potenciar su figura personal, goza de buena prensa en Madrid y sigue teniendo casi intacto el crédito que la llevó a Fuensalida en mayo pasado. Sin embargo, no hay ritmo, no hay presencia, no hay viajes de trabajo en su labor institucional. No se está pisando el terreno en las cinco provincias. No se están atendiendo bien las peticiones de alcaldes, concejales y miembros de la sociedad civil. No hay concertación ni con la oposición en las Cortes, ni con los sindicatos, ni con los principales ayuntamientos. No hay presupuestos para este año. Y no hay una presencia compacta y sólida de la presidenta ni de sus consejeros, relegados a un papel discreto. Casi imperceptible.

El cuadro de zozobra ha encontrado su puntilla en el relevo nada menos que del consejero de Presidencia, enviado a la Delegación del Gobierno a los pocos meses de asumir el cargo. No parece muy serio. Ni el cambio ni mucho menos la falta de explicaciones sobre el mismo. Pero aquí no pasa nada. Nunca pasa nada. Cada vez hay menos periódicos, menos emisoras de radio, menos canales de televisión y menos portales de internet en Castilla-La Mancha para contar lo que está pasando. La mejor garantía para que todo siga como hasta ahora.

Epílogo de Fraga

Hace dos días murió el escritor y político José Luis Álvarez Enparantza, más conocido como Txillardegi, a los 84 años de edad. Fue uno de los fundadores de ETA y de Herri Batasuna y está considerado uno de los teóricos más influyentes del nacionalismo vasco. El domingo por la noche falleció Manuel Fraga Iribarne, a los 89 años. Fue ministro de Franco, fundador de AP, presidente de la Xunta de Galicia y senador hasta hace tan solo unos meses.

Si utilizáramos el mismo soniquete que hoy arguyen la mayoría de hagiógrafos que han escrito sobre Fraga, cabría decir que el fundador de ETA también fue un hijo de su tiempo, y que conviene entender los vaivenes entre totalitarios y demócratas de aquellos que siempre estuvieron dispuestos a exhibir su autoritarismo. El papel lo aguanta todo.

Fraga Iribarne ha permanecido 60 años montado en un coche oficial. Tuvo una trayectoria densa, un carácter camaleónico, una actitud vehemente y una ideología travestida. Para los jóvenes treintañeros, Fraga era un señor iracundo que nunca mostró arrepentimiento por pertenecer al gobierno de una dictadura y un político que solo descubrió el Estado de las Autonomías cuando se convirtió en jefe de Galicia, emulando a pequeña escala una presidencia que nunca pudo alcanzar en la Moncloa.

Hablar mal de alguien tras su muerte es una falta de respeto, pero los elogios hacia su figura están siendo tan exagerados que producen eczemas. El aparataje del Estado (el PP gobierna hoy la nación y la mayoría de las comunidades) y el altavoz de los medios le ha proporcionado un epílogo meloso y lisonjero, seguramente, como el propio finado no hubiera querido.

En cualquier país serio de nuestro entorno, Fraga no habría sido redactor de la Constitución que aún hoy rige. Fue un tipo culto, preparado, trabajador, disciplinado, conservador y ultracatólico. Pero formó parte activa de un régimen que firmaba sentencias de muerte y que mantenía entre rejas a miles de represaliados políticos. Anduvo listo en la democratización de la derecha española después de la muerte del dictador, pero puso reparos a todo lo que olía a progreso: la ley del divorcio, las nacionalidades, la libertad de prensa, la regulación del derecho de manifestación, la despenalización del aborto o, más reciente, el rescate de la memoria histórica. Según María Antonia Iglesias, “la Transición no hubiera sido posible sin Fraga”.

Nunca pidió perdón por ser ministro de un dictador atroz. Nunca pidió perdón por apoyar el golpe de Estado del 36. Nunca pidió perdón a las víctimas de la dictadura. Nunca pidió perdón a la familia de Grimau, a quien tildó de “caballerete”. Nunca pidió perdón a Galicia, a pesar de que fue uno de los territorios menos alfabetizados y más castigados por la dictadura. Nunca pidió perdón a los periodistas por fagocitar a la profesión con una Ley de Prensa, la del 66, que sí, que eliminó la censura previa, pero que siguió cercenando la libertad de información y que aún sigue sin derogarse. Su salvoconducto a la democracia fue la transformación que protagonizó a partir de 1975: de jerarca (digamos aperturista) del régimen a vocero de la derecha democrática que exigía “libertad con orden”. Esto le entronizó como el “arquitecto de la derecha democrática” (titular de hoy de ABC) o como el animal político cuya razón de existir era su “pasión por el poder” (titular de El País, periódico, por cierto, que ayudó a fundar).

Alfonso Osorio cuenta que “gracias a ese carácter ha conseguido construir el primer partido político de masas del centro derecha español”. Pilar Cernuda se pregunta y se contesta ella misma: “¿Franquista? Sí. Y galleguista, y conservador, reformista, defensor a ultranza de la democracia y autonomista”. Qué cosas. Reformista aun siendo el pipiolo de un régimen, por definición, inmovilista: con cuarenta años ya era ministro de Información y Turismo. Lucía Méndez le considera un “presidente frustrado”. Santos Juliá ratifica que “Fraga comenzó a actuar como un demócrata después de la democracia” y Rosa Montero sostiene que “tenía gran cultura, inteligencia y humor pero podía volverse una fuerza ciega. Apaciguó a la derecha más cerril. Agradezco que se comió a los caníbales”.  

Tanto politólogos como historiadores subrayan la capacidad de Fraga para amansar a la fiera del franquismo a través del proyecto de Alianza Popular. Su obra política más importante, anécdotas de Palomares y de Paradores aparte, fue encajar la ultraderecha montaraz dentro de un partido político al principio netamente de derechas y ahora autodefinido de centro. Si entonces, en pleno tránsito, este movimiento tuvo el efecto de rebajar la violencia de la carcundia más reaccionaria, ahora ha desembocado en un hecho incuestionable: la extrema derecha en España anida en el PP. Esto no convierte al PP en un partido de ultraderecha, pero sí le obliga a atender a una parte del electorado que no celebra la democracia como algo suyo, sino que lo acepta por imperativo. ¿Es más deseable esta situación que la de Francia o Alemania, donde sí existe una frontera nítida entre derecha y extrema derecha? Ignacio Camacho considera que su mayor error político fue “desmarcarse del centrismo que encarnaba las aspiraciones mayoritarias”, aunque eso no le impidió aprovechar los restos del suarismo tras el naufragio de la UCD.

Se ha destacado su papel en la Transición y, más concretamente, en la elaboración de la Constitución, La realidad es que fue “padre” de la Constitución de rebote: UCD se negó a ceder un puesto y tuvo que hacerlo el PSOE, de tal manera que Alfonso Guerra se quedó fuera del grupo de redactores de la Carta Magna en beneficio del político gallego. También firmó los Pactos de la Moncloa, pero a regañadientes. Después volvió a fracasar en su intento de ser presidente y se refugió en Galicia. Allí disfrutó del solaz de cuatro mayorías absolutas. En sus comparecencias públicas, solía mostrar un carácter intransigente y un estilo avinagrado, faltón y misógino. De hecho, hizo bandera de ello. Era su estilo. Eran “las cosas de Fraga”, decían en su partido.

Uno tiende a mostrar siempre respeto por aquellos que son capaces de aparcar sus ideas máximas en beneficio de la concordia. A su manera, Fraga dio ese paso. Presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI y abrazó la Constitución. Hizo una oposición plenamente parlamentaria a Suárez y González y no alentó el extremismo en la calle. Creó una formación de derechas que, con el paso del tiempo, se ha convertido en mayoritaria.

En cambio, no fue capaz de articular un partido de centro derecha moderno, cabal, moderado, homologable al resto de Europa y sin dobleces frente a la epopeya franquista. Fraga no fue capaz de todo eso porque su propia trayectoria se lo impedía. Un político puede fintar el futuro, pero a duras penas puede borrar un pasado tan lóbrego. Y tan sombrío.   

Carmen Vela y la caverna

Mariano Rajoy ha llegado a La Moncloa aupado en lo que Valentí Puig llamaba ayer en La Vanguardia “la fiebre tertuliana”. Un ejército de voceros de la derecha y la ultraderecha que no han dejado de marcarle el paso durante los últimos años. Ahora, con el gallego instalado en la púrpura, preguntan por lo suyo. De ahí el análisis dispar que todos estos medios han trazado del nuevo Gobierno, del primer escalafón hasta el último. De tal manera que si el investido es alguien cercano a mis tesis, defiendo la visión estratégica de Rajoy. En cambio, si es alguien medianamente sospechoso de no tener sangre azul al cien por cien, entonces cuestionamos la pureza ideológica de un presidente tancredista.
Carmen Vela, en su toma de posesión como secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación. Carmen Vela, en su toma de posesión como secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación.

La peor parada ante esta tropa de regulares de la caverna ha sido Carmen Vela Olmo, científica nacida en Sigüenza el 25 de marzo de 1955, nombrada por Luis de Guindos secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación. Vela acredita una reputada trayectoria en su sector. Es licenciada en Ciencias Químicas, en la especialidad de bioquímica, por la Universidad Complutense de Madrid y desde 1994 ha sido directora general de Ingenasa, una empresa de Biotecnología focalizada en sanidad animal y seguridad alimentaria.

Vela acumula más de treinta años de experiencia en su especialidad y es autora de numerosas publicaciones científicas y patentes aprobadas en EE.UU. y Europa. Comenzó a ejercer de investigadora en la Fundación Jiménez Díaz, en el departamento de Inmunología,. Después recaló en Ingenasa a través del Instituto Nacional de Industria y en el Centro de Biología Molecular de la Autónoma de Madrid. Desde 2007 preside la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas y, desde 2010, la Sociedad Española de Biotecnología.

Pues bien, todos estos méritos no son suficiente aval para el ala más derechista del PP. Algunos periodistas (léase agitadores) han pedido su cese fulminante y varios dirigentes de esta formación (diputados y senadores) han mostrado su crítica y extrañeza. Incluso una plataforma extremista ha enviado 20.000 firmas al ministro de Economía y Competitividad para que eche a esta mujer, pásmense, por su “incompetencia profesional y sectarismo ideológico” y porque “las opiniones anticientíficas de Vela a favor del aborto y su actitud negacionista de la vida humana dañan el prestigio de la ciencia española“. Arrea.

¿Saben ustedes por qué tanta desazón? Pues porque Carmen Vela firmó en su día un manifiesto de apoyo a Zapatero por su compromiso con la investigación. Ergo es una impía, una “cejatera” y una incoherente para los restos del mundo mundial. De poco sirve mostrar su sólido curriculo y su hoja de servicios. Lo único que les interesa a estos selváticos es fustigarla por motivos estrictamente ideológicos. Por fanatismo. Por estupidez. Lo demás es accesorio.

Pero, ¿no decían que había que hacer el gobierno de “los mejores”?

Aquí seguimos

Este blog se creó en abril de 2005, cuando permanecía de baja tras una dura enfermedad. Aquello derivó en una adicción: contar lo que uno quiere, cuando uno quiere, sin límite de espacio, sin más fronteras que el respeto a todas las opiniones y las buenas maneras. Han pasado siete años. Aquí seguimos. La Garlopa se mudó a ELDECANO.es en julio de 2010. Allí ha estado alojada hasta el pasado mes de diciembre, fecha en la que tristemente desaparació esta cabecera. A su dirección y a los compañeros les estoy eternamente agradecido: fue bonito mientras duró.  

Confieso que ahora me han entrado dudas sobre si merecía la pena mantener o no un blog personal. No por desgaste, sino por falta de tiempo. Trabajo en El Mundo/Expansión y cualquiera que haya estado empleado en una redacción conoce la tiranía de los horarios en un diario. No es excusa. Seguiremos dando la murga con el blog porque al final uno busca siempre refugios seguros y al alcance de la mano. Merece la pena seguir atizando la conciencia.  

Un blog no es un medio de comunicación al uso, pero facilita el acto de comunicar. Quizá no tanto noticias como sí impresiones que ayudan a conformarnos una idea de la realidad que nos rodea. Los efectos de la crisis económica y del propio oficio están laminando buena parte de los medios de este país. La prensa cada vez está más castrada, sumida en una ola de cierres, expedientes de regulación, recortes de plantilla y ajustes severos. Más de cinco mil periodistas se han ido a la calle en España desde que estalló la crisis. La sangría continúa. El paro que no cesa está machacando con especial dureza una profesión que resulta impresindible para mantener con garantías el tinglado de la libertad. El poder respira aliviado cada vez que se cierra un periódico. La democracia supura. Quizá por eso en estos momentos cobran más importancia aquellas herramientas (especialmente en internet) que permiten dar cauce a la libertad de expresión. Por eso este blog permanecerá abierto. Porque escribir sigue siendo sinónimo de vivir. Porque expresar ideas siempre enriquece. Y, sobre todo, porque me divierte escribir sin ataduras. Libre. Sincero. Humilde.

Siete años después, aquí seguimos.

La garlopa en Henares al Día

OPINIÓN

UN PARQUE EN EL AIRE

El Gobierno central ha recurrido al Tribunal Constitucional la Ley del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara. El recurso va a paralizar aún más el desarrollo de una norma que nació coja por la falta de consenso entre el PSOE y el PP. La nueva presidenta de Castilla-La Mancha deberá definir, después de la sentencia del TC, qué es lo que quiere hacer con un parque que ahora está bloqueado.

Rajoy, el presidente incógnita. ELDECANO.es

Campaña silente. ELDECANO.es

Rajoy, reforzado. ELDECANO.es

Patrimonio: deberes para esta legislatura. ELDECANO.es

¿Para qué sirve una diputación?. ELDECANO.es