Artículos en Nueva Alcarria

Javier Sanz: la humildad de un erudito seguntino

La reacción de Sánchez

Sánchez durante la entrevista concedida ayer a Jordi Évole en La Sexta.

Sánchez durante la entrevista concedida ayer a Jordi Évole en La Sexta.

Pedro Sánchez acertó el sábado renunciando al acta de diputado para evitar apoyar con su abstención la investidura de Rajoy. En España es noticia que un político dimita, que pida perdón y que sea coherente en su compromiso con los votantes. Pero creo que ayer erró en la entrevista con Évole en Salvados (por cierto, ¿por qué esa manía de algunos periodistas de tutear al entrevistado?). Vi a Sánchez tenso y desaforado, pero no con el aplomo suficiente como para dar de verdad la batalla por volver a ser líder del PSOE. Su comportamiento puede entenderse desde un punto de vista humano. La campaña contra él ha sido feroz. Y tiene razón en la denuncia de las presiones de los poderes mediáticos y económicos, aunque algunos de esos poderes (por ejemplo, Prisa y El País) son los mismos que en diciembre y marzo le adulaban con halagos. Acierta cuando se queja de la deslealtad del PSOE andaluz y reta a Susana Díaz a dar un paso adelante; cuando argumenta que el PSOE tiene lejos ahora mismo volver a ser lo que era y que, por tanto, o la izquierda se une o hay PP para rato; y cuando sostiene que no se puede resolver el asunto catalán sin hablar con los partidos independentistas.

Sin embargo, pareció exagerado su acercamiento a Podemos, al que ni siquiera reprochó el voto contrario a su investidura, un error clamoroso que Pablo Iglesias es incapaz de reconocer. Decir que le prohibieron el acuerdo con Podemos es suscribir en su totalidad el argumentario de Podemos. No digo que no sea cierto. Digo que eso le va a impedir de facto volver a coger el timón del PSOE, máxime después de haber dejado el acta de diputado. También es discutible que ahora niegue el carácter populista de Podemos. Sus propios dirigentes se califican como tal, lo cual es lógico en una formación política que cuestiona las bases de la democracia representativa y que tiene alergia al lenguaje de la lucha de clases. Quiero decir: tildar de populista a Podemos (lean la tesis doctoral de Errejón) es tan natural como apellidar de comunista a Izquierda Unida o socialdemócrata al PSOE. No es una ofensa. Es descriptivo.

El problema del relato de Sánchez en la Sexta es que no concuerda con lo que decía cuando era líder socialista. No obstante, que un ex secretario general del PSOE revele con tanta crudeza cómo funcionan las tripas de nuestro sistema político no es tanto noticia por el contenido como por quién lo dice. Pero, honestamente, creo que todos los implicados en la devastación del PSOE en el último mes -Sánchez incluido- están quemados e invalidados de facto para liderar este partido y restañar las heridas de una organización quebrada desde Ferraz hasta la última agrupación local.

El PSOE, entre la reconstrucción y la deconstrucción

Javier Fernández, en la reunión de los grupos parlamentarios socialistas. // Foto: El País.

Javier Fernández, en la reunión de los grupos parlamentarios socialistas. // Foto: El País.

Sostiene hoy el periódico global en su editorial que “una vez enderezado el rumbo y asumida su derrota electoral, el PSOE ha de encontrar su papel de oposición al PP el acicate para reconstruirse”. Resulta enternecedora esta postura. Pero es difícil, por no decir imposible, que el PSOE pueda “reconstruirse” dando el gobierno al PP cuando lo que amenaza su ruina no es la derecha, sino el colmillo de un partido de izquierda que en apenas dos años se ha situado con cinco millones de votos. Parece que a estas alturas la disyuntiva socialista ya no estriba entre abstención y elecciones, sino en cómo materializar la abstención y cómo salvar el honor de los diputados catalanes y los afines a Sánchez. Es una operación decidida y asumida. Está en juego el sistema político del 78, basado en que la victoria de uno de los dos grandes partidos debe estar sustentada en la derrota del otro, pero no en su laminación. Y por eso la gestora está movilizando a dinosaurios del partido para hacer pedagogía de la abstención -Jáuregui, Blanco, Barreda (ay, Señor), Soraya Rodríguez (pobrecita mía)- y por eso el PP acepta ahora no apretar las tuercas y no forzar unas terceras elecciones.

Rajoy puede irse tranquilamente el domingo por la noche a ver al Real Madrid porque, salvo sorpresa, el Comité Federal del PSOE aprobará la abstención. Será una maniobra ruinosa para el país (dejará un gobierno en minoría e inestable), pero también para el PSOE porque abonará la idea de que ha renunciado a ser una alternativa de gobierno a la derecha. Los partidarios de la abstención sostienen que se puede gobernar desde el Parlamento. Es una falsedad palmaria. Es verdad que la oposición tiene un margen más amplio para condicionar a un gobierno sin mayoría absoluta. Obvio. Pero gobernar solo gobierna el Gobierno. Lo demás son cuentos. Y se vio ayer en las Cortes, cuando el PP no tuvo problemas para tumbar hasta 10 iniciativas de la oposición para aumentar el gasto.

A ello súmenle dos factores: que Rajoy, con la Constitución en la mano, puede convocar elecciones anticipadas en mayo si la legislatura no arranca y el PSOE no se presta a apoyar los Presupuestos; y que Podemos va a agitar la calle en los próximos meses (Iglesias ya ha deslizado hoy la idea de una huelga general), lo que acentuará el perfil del PSOE como partido alejado de la ciudadanía.

Y súmenle también otra cuestión, nada menor. Y es la falta de consistencia y de relato de la gestora después del golpe asestado contra Sánchez. Zarzalejos escribe en El Confidencial que la ausencia de una estrategia sólida en la dirección en funciones, incluso su discurso derrotista y el gesto tristón que muestran, es lo que le ha impedido permeabilizar el giro a la abstención. Lo cual es lógico. Porque es muy difícil que la sociedad pueda tomarse en serio a un partido que lleva diez meses diciendo en bloque que “no es no”. No por capricho, sino porque fue un compromiso electoral principal y taxativo en las generales de diciembre y junio. Renunciar a ello solo puede interpretarse como una capitulación, pero no como una decisión política madura.

Dicho al modo unamuniano: los señores de la gestora vencerán pero no convencerán.

Los diarios del primo de Franco

En 1976, bajo la dirección de Rafael Borràs, Planeta publicó los diarios que escribió entre el 54 y el 71 el primo del dictador, de quien fue además jefe de la Casa Militar y secretario privado. Me ha dado por leerlos en esta mañana otoñal. Y tiene palabras muy interesantes.

Sobre Franco: “S.E. debe saber que en todos los palacios y alrededor de los que mandan ronda la adulación. El Caudillo no estima la información ahora. Jamás pregunta por nada; vive feliz al parecer ignorando el ambiente, la opinión pública y muchos asuntos (…). Franco es frío de carácter”.

Sobre los medios: “La prensa dirigida, con los elogios de costumbre”.

Sobre los ministros: “Ser ministro de Franco es ser un reyezuelo que hace lo que le parece, sin que S.E. les frene en su política personalista”.

Sobre el Consejo de Ministros: “El gobierno de Franco es de todas las ideas y de ninguna. Sus ministros, con tal de seguir en el poder, transigen con lo que sea”.

Sobre el Valle de los Caídos: “Considero que hubiera sido más positivo y práctico haber hecho una gran fundación para recoger en ella a todos los hijos de las víctimas de la guerra, sin distinción de blancos o rojos”.

Sobre el conde de Barcelona: “Don Juan es débil y se deja mangonear”.

Sobre la derecha: “La CEDA y la Lliga Regionalista [Cambó] se pudieron del lado del Movimiento. No se les debe tratar como enemigos”.

Sobre las monterías: “Las cacerías son pretexto para ir todos los amigos de los dueños que cotizan esto, y además de aprovechar para hacer amistades, piden favores, exenciones de tributos, permisos de importación”.

Sobre el Movimiento Nacional: “El Movimiento: un sinfín de burócratas con un sinfín de sueldos”.

Sobre Carmen Polo: “Hay días que no se aguanta ni a sí misma. Adopta un aire de severidad y empaque absurdo”.

Sobre Manuel Aznar: “No puedo olvidar el daño que en época anterior a la República hizo a la Patria”.

Sobre Ruiz-Giménez: “Hoy los ministros se pasan la vida viajando a costa del erario español”.

Sobre Muñoz Grandes: “Es un caballo metido en uña cacharrería”.

Franco sobre De Gaulle: “Su mayor defecto es mantener los partidos políticos, que siempre han sido causa de agitación y de luchas interiores”.

Franco sobre Mussolini: “Era una persona muy ponderada y de gran patriotismo. Se diferenciaba de la exaltación e irreflexión del Führer, que no sabía dominarse y arremetía contra todo el mundo”.

Franco sobre Don Juan: “Ni es ni ha sido rey, y espero que no lo será nunca”.

El golpe del PSOE

Fueron los barones los que cometieron el error de ligar la crítica a Sánchez con el debate sobre la abstención a Rajoy. Si solo querían deponer al líder de su partido, los disidentes lo tenían fácil: moción de censura en el Comité Federal, que es lo que contemplan los Estatutos del PSOE. Pero, tras el error de Sánchez de hablar de bandos y retar a los críticos a dimitir de la dirección, éstos decidieron tirar por la calle de en medio y dinamitar la Ejecutiva para tumbar a Sánchez sin esperar al comité de este sábado. Y, claro, arde Troya. Y se arma el Belén más bochornoso que ha montado el PSOE en más de cien años de historia.

Los barones pudieron defender la abstención a Rajoy pero no lo hicieron públicamente ni en los órganos internos. Prefirieron hacer de zangolotinos en las tertulias y con periodistas afines. Y, claro, Pedro no es Willy Brandt pero tampoco idiota. Y se ha atrincherado en una postura razonable y coherente: que quien quiera dejar gobernar al PP, lo diga mañana abiertamente. Dicen Susana Diaz y Madina que el sitio del PSOE es la oposición. Pero para que haya oposición tiene que haber gobierno. Ergo si no quieren gobierno alternativo ni terceras elecciones (qué triste escuchar a Madina esta mañana titubeante y cínico), ¿qué quieren los críticos que haga el PSOE? ¿Por qué no hablan claro?

Los medios presentarán a Sánchez como un tipo que quiere aferrarse al sillón. A mí me parece un político decente al que quieren hacer caer por un método indigno para un secretario general elegido por la militancia. La única salida razonable ahora, dado el destrozo hecho esta semana, es un Congreso Extraordinario que dirima la dirección nueva y la estrategia a seguir. Creo que una gestora (rota la disciplina de voto en el grupo parlamentario) es un subterfugio no sólo para echar a Sánchez por la puerta de atrás sino para investir a Rajoy. El golpe del miércoles no fue solo orgánico. Y por eso las tropas sacaron los tanques en cuanto Felipe dio el aviso a las 8 en la SER. Y por eso la gerontocracia del partido (Rubalcaba, Bono) insiste en que primero es España y luego el PSOE. O sea, primero hacer presidente a Rajoy (aunque sea en el descuento) y luego un Congreso a mayor gloria de Susana Díaz o cualquiera que aspire a recoger las ruinas.
El PSOE ha perdido 6 millones de votos desde 2008. Lo ha hecho, sobre todo, por la izquierda. La abstención del PSOE a Rajoy sería un cheque en blanco no sólo al PP sino a Podemos. Si alguien cree que Díaz o Vara, o incluso Madina después de su papelón en las últimas horas, pueden frenar la sangría, es que vive en Júpiter. Pero no en la España de 2016, ajada de paro y corrupción pero también harta de luchas intestinas.

Sánchez ha enviado hoy un mensaje valiente. Quiere que se coman el ‘sí’ a Rajoy los que llevan meses defendiéndolo, pero siempre con ambigüedades y nunca en público. Y si el Comité defiende la abstención, él se va. Y eso en mi pueblo se llaman agallas y coherencia porque a nadie se le escapan las presiones. Internas y externas.

Pase lo que pase, el roto en el PSOE es tan hondo, tan profundo, de tanto calado, que es difícil predecir las consecuencias a medio o largo plazo. No sólo para este partido sino para el conjunto de la política española. Lo que sí sabemos a estas horas es que Pedro Sánchez es un líder que no lo parecía, y que es fácil palpar el respeto que ahora mismo genera su persona en la izquierda. La misma izquierda que nunca le votó.

Y una última cosa: resulta deleznable, tremendamente degradante para quienes impulsaron esa campaña y los corifeos que la secundaron, que tanta gente del PSOE en las últimas horas se haya dedicado a hacer la guerra a Sánchez a cuenta de atizar el anticatalanismo. De un partido como el PSOE se espera elevar el nivel político e intelectual. Con rigor y respeto. Lo que no es admisible es recurrir a las vísceras contra Cataluña por muy de baja estofa que sea el debate interno en el que algunos quieren instalar a un partido como el PSOE, que siempre fue respetuoso con la ley, sí, pero también audaz a la hora de gestionar las singularidades territoriales.

Leo hoy muchas críticas hacia los medios de comunicación. A unos porque no cubrieron la masacre de París; a otros porque lo hicieron bien, mal o regular; y, los más exquisitos, a la prensa escrita por no encontrar enfoques originales. Vamos a ver cómo les digo esto: los atentados de ayer ocurrieron a las 10 de la noche de un viernes. Repito: 10 y pico de la noche, viernes, víspera de fin de semana. No es cuestión de espíritu festivo o falta de profesionalidad, sino de efectivos. Con carácter general: no hay retenes de guardia suficientes en las redacciones para asumir el océano de datos, informaciones, declaraciones, testimonios, rumores y ‘fakes’ que circularon a esa hora. No todas las teles, ni radios, ni periódicos quieren destinar su dinero a pagar un corresponsal permanente en París. No siempre hay expertos a las primeras de cambio que llevarte a la boca. No siempre puedes improvisar un directo si estás tú y el del tambor, y los hechos están pasando a miles de kilómetros de tu redacción central. La noticia salta y las televisiones no disponen –muchas porque no quieren- de un servicio de continuidad que garantice una cobertura completa y a la altura. Y en un diario, a esas horas, tampoco la redacción está precisamente llena. A mí mismo me pillo ayer a 120 kilómetros de Madrid, tomando cervezas después de haber pasado una tarde hermosa y reconfortante recordando a nuestro añorado Manu Leguineche. A esas horas se desató el infierno. Hubo coberturas en directo de quien podía hacerlas y hubo reacciones de la prensa incluso en primera edición. El editorial de mi periódico, ya para segunda, tuvo que ser dictado anoche de madrugada, a vuelapluma. Y hoy los compañeros acumulan jornadas kilométricas. Y yo mismo estoy aquí, a estas horas, escribiendo este testamento después de haberme currado con mi compañero un editorial de casi 7.000 caracteres. Excitado. Cansado. Feliz.

Lo comprendo. Les comprendo. El personal quiere desde el primer minuto respuestas rápidas, certezas, informaciones contrastadas aun cuando el propio presidente de toda una República como la francesa comparece mientras decenas de terroristas siguen libres en las calles de París. Pero no siempre es posible. Aun así, decenas de compañeros de todos los medios acreditaron anoche que el periodismo sigue siendo un oficio imprescindible para no vivir a oscuras.

Sí, ya sé. Jorge Javier en Telecinco y ‘Tú cara me suena’ en los otros. Bien. Bueno, bien no. Mal. Son privadas. Emiten con una licencia pública que les obliga a atender las exigencias informativas. Pero la incumplen porque el hachazo que ellas mismas han asestado a las plantillas ha dejado sus Informativos en cueros para atender una emergencia de ese calibre al filo de la madrugada de un viernes. Puede que la información ya no interese más que el entretenimiento, pero la audiencia sí les interesa a estas cadenas que, de haber podido, hubieran convertido París en un inmenso plató.

En resumen: este domingo, si acuden al kiosco, podrán comprobar el despliegue de la prensa de papel. Y que me disculpen los inventores del nuevo periodismo pero ni internet, ni Twitter, ni el destello de la televisión han sido capaces aún de cubrir la necesidad de la gente de tomar conciencia de un acontecimiento viéndolo estampado en los titulares y las fotos a cinco columnas de un periódico impreso.

En una conferencia en la que Lázaro Carreter, entonces director de la RAE, cargaba contra los periodistas por el mal uso del idioma y las faltas de ortografía, Manu pidió la palabra y le recordó al ilustre académico que cuando un reportero escribe bajo las bombas, a veces se le puede colar una coma. No es ninguna excusa. Es la puta realidad.

Así que perdonen las molestias y, si quieren, sigan atentos a sus pantallas. Y a los kioscos.

Masacre en París. Otra vez.

Atentado yihadista en París. Otra vez París. Otra vez Francia, la cuna del laicismo y la Ilustración. 129 muertos y decenas de heridos.

lefigaro_750

l_equip_750

elmundo_750

 

 

 

Román el demócrata

11167686_10205327372209710_3434552766833461456_nEl alcalde de Guadalajara, Román el demócrata, ha enviado una carta a los vecinos de la ciudad comunicando que no tiene más remedio –legal, se entiende- que cumplir el acuerdo adoptado por el Pleno el pasado 4 de septiembre para eliminar los nombres franquistas del callejero. La moción de Ahora Guadalajara fue respaldada por el PSOE y contó con la abstención de Ciudadanos, así que la mayoría simple del PP se quedó compuesta y sin las travesañas del antiguo régimen.

En lugar de ejecutar el acuerdo plenario, Román el demócrata ha reaccionado casi dos meses después con una misiva entre cínica e impúdica. Román el demócrata explica que no le queda más opción que llevar a efecto el mandato aprobado por esos rojos que ahora le han quitado la mayoría absoluta del consistorio, y “lamenta las molestias” que ocasionará a los vecinos.

La misiva es una muestra de cuál es la idea partidista y sesgada de Román el demócrata del cargo institucional que representa. ¿Cómo es posible que el alcalde de todos caiga en este sectarismo? ¿Cómo es posible que el alcalde de todos utilice fondos del Ayuntamiento para remitir una carta, firmada en calidad de alcalde y con el membrete consistorial, destinada a vituperar al resto de grupos democráticamente elegidos?

Conste que la carta la envió el alcalde Román, no el vocero del Grupo Popular. Y eso agrava aún más su comportamiento.

En todo caso, el colmo del argumentario romanesco consiste en escudarse en una encuesta que el Ayuntamiento hizo a los vecinos de las calles afectadas y que arrojó –oh, sorpresa- que el 96% no estaba por la labor de cambiarle los nombres a estas vías. La encuesta de marras incluía solo la consulta a los cabezas de familia de cada vivienda, al más puro estilo antañón. Pero lo mollar, tal como advertimos en septiembre es calibrar qué es más importante, ¿la opinión de estos vecinos o el acuerdo soberano del Pleno municipal? Ya entonces asomaba el doble rasero de Román el demócrata: ¿Por qué todos los españoles tenemos que votar la independencia de Cataluña y, en cambio, solo unos pocos vecinos pueden decidir el nombre de unas calles?

La propuesta que elevó Ahora Guadalajara insta al cambio de la nomenclatura de media docena de vías de la capital alcarreña: Capitán Boixareu Rivera (militar que conquistó Lleida para el bando franquista); General Moscardó Guzmán (designado en mayo de 1953 gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Guadalajara); Hermanos Ros Emperador (activistas del golpe de julio de 1936); Gutiérrez Orejón (policía franquista); Fernando Palanca (ex alcalde) y la Plaza de los Caídos. La moción se fundamenta en la aplicación del artículo 15 de la vigente Ley de Memoria Histórica, que exhorta a tomar las “medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”.

Incluso el Ayuntamiento de Tárrega (Lleida) aprobó a finales del mes pasado una moción que instaba al Ayuntamiento de Guadalajara a retirar “todos los honores” a José Boixareu Rivera, uno de los responsables de ocupar y tomar por la fuerza esta ciudad al Ejército republicano el 15 de enero de 1939. El Pleno de Tárrega expresaba así su agradecimiento por retirar la calle al voluntario falangista y capitán golpista que formó parte del “Cuarto Tabor de Tiradores de Ifni” del ejército marroquí, a las órdenes del general Yagüe, alias El carnicero de Badajoz.

“Es la ley”. “Hay que hacer cumplir la ley”. “La ley está para ser cumplida”. “No hay más camino que la ley”. “El primer deber de un gobernante es cumplir la ley y hacerla cumplir”.

Son los latiguillos habituales de Rajoy en estos días de agitación catalana. ¿Por qué no quiere aplicárselo Román el demócrata? ¿A qué espera para dar cumplimiento a la decisión del Pleno que preside? El dirigente de un partido político puede organizar romerías para la jura de bandera, desdeñar la memoria histórica o encabezar manifestaciones en contra del derecho al aborto. El alcalde de un municipio, no. El alcalde de un municipio debe tener como prioridad cumplir las decisiones del Pleno. Le gusten o no al señor alcalde.

“El político debe tener: amor apasionado por su causa; ética de su responsabilidad; mesura en sus actuaciones”, decía Max Weber.

Román el demócrata aún tiene la ocasión, si rectifica, de demostrar que lo de su pretendido talante no se queda en mera fachada del yerno ideal que todas las suegras de la Guadalajara de ayer, de hoy y de siempre quisieran tener en sus mesas de Navidad. Modificar su postura con relación a este asunto le convertiría de verdad en un dirigente de la derecha moderna, y no en un tipo preso de los viejos rencores. Sólo él puede hacerlo. Y sólo mediante un cambio en su actitud, el sector más conservador y casposo de la sociología arriacense aceptaría que una ciudad del siglo XXI no puede rendir honores a militares golpistas. 

Lo que ya no tiene remedio es la carta, que a buen seguro pasará a los anales de la historia local como uno de los ejercicios más sucios y detestables desde el punto de vista del fair play político. La misiva de Román el demócrata podría ir al cajón de las cosas serias de Mongolia, pero quizá se queda en un remedo de Martínez, el facha. Aunque, siendo serios, El Jueves nunca aceptaría entre los suyos a un personaje tan grisáceamente moderado, tan subrepticiamente sectario, tan declaradamente estólido como Román el demócrata.

La garlopa en Henares al Día

Seteros furtivos y otras especies

La garlopa en Henares al Día

Otoño en Navafría