La Garlopa Diaria

19 octubre 2016

El PSOE, entre la reconstrucción y la deconstrucción

Javier Fernández, en la reunión de los grupos parlamentarios socialistas. // Foto: El País.

Javier Fernández, en la reunión de los grupos parlamentarios socialistas. // Foto: El País.

Sostiene hoy el periódico global en su editorial que “una vez enderezado el rumbo y asumida su derrota electoral, el PSOE ha de encontrar su papel de oposición al PP el acicate para reconstruirse”. Resulta enternecedora esta postura. Pero es difícil, por no decir imposible, que el PSOE pueda “reconstruirse” dando el gobierno al PP cuando lo que amenaza su ruina no es la derecha, sino el colmillo de un partido de izquierda que en apenas dos años se ha situado con cinco millones de votos. Parece que a estas alturas la disyuntiva socialista ya no estriba entre abstención y elecciones, sino en cómo materializar la abstención y cómo salvar el honor de los diputados catalanes y los afines a Sánchez. Es una operación decidida y asumida. Está en juego el sistema político del 78, basado en que la victoria de uno de los dos grandes partidos debe estar sustentada en la derrota del otro, pero no en su laminación. Y por eso la gestora está movilizando a dinosaurios del partido para hacer pedagogía de la abstención -Jáuregui, Blanco, Barreda (ay, Señor), Soraya Rodríguez (pobrecita mía)- y por eso el PP acepta ahora no apretar las tuercas y no forzar unas terceras elecciones.

Rajoy puede irse tranquilamente el domingo por la noche a ver al Real Madrid porque, salvo sorpresa, el Comité Federal del PSOE aprobará la abstención. Será una maniobra ruinosa para el país (dejará un gobierno en minoría e inestable), pero también para el PSOE porque abonará la idea de que ha renunciado a ser una alternativa de gobierno a la derecha. Los partidarios de la abstención sostienen que se puede gobernar desde el Parlamento. Es una falsedad palmaria. Es verdad que la oposición tiene un margen más amplio para condicionar a un gobierno sin mayoría absoluta. Obvio. Pero gobernar solo gobierna el Gobierno. Lo demás son cuentos. Y se vio ayer en las Cortes, cuando el PP no tuvo problemas para tumbar hasta 10 iniciativas de la oposición para aumentar el gasto.

A ello súmenle dos factores: que Rajoy, con la Constitución en la mano, puede convocar elecciones anticipadas en mayo si la legislatura no arranca y el PSOE no se presta a apoyar los Presupuestos; y que Podemos va a agitar la calle en los próximos meses (Iglesias ya ha deslizado hoy la idea de una huelga general), lo que acentuará el perfil del PSOE como partido alejado de la ciudadanía.

Y súmenle también otra cuestión, nada menor. Y es la falta de consistencia y de relato de la gestora después del golpe asestado contra Sánchez. Zarzalejos escribe en El Confidencial que la ausencia de una estrategia sólida en la dirección en funciones, incluso su discurso derrotista y el gesto tristón que muestran, es lo que le ha impedido permeabilizar el giro a la abstención. Lo cual es lógico. Porque es muy difícil que la sociedad pueda tomarse en serio a un partido que lleva diez meses diciendo en bloque que “no es no”. No por capricho, sino porque fue un compromiso electoral principal y taxativo en las generales de diciembre y junio. Renunciar a ello solo puede interpretarse como una capitulación, pero no como una decisión política madura.

Dicho al modo unamuniano: los señores de la gestora vencerán pero no convencerán.

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