La Garlopa Diaria

30 septiembre 2016

El golpe del PSOE

Fueron los barones los que cometieron el error de ligar la crítica a Sánchez con el debate sobre la abstención a Rajoy. Si solo querían deponer al líder de su partido, los disidentes lo tenían fácil: moción de censura en el Comité Federal, que es lo que contemplan los Estatutos del PSOE. Pero, tras el error de Sánchez de hablar de bandos y retar a los críticos a dimitir de la dirección, éstos decidieron tirar por la calle de en medio y dinamitar la Ejecutiva para tumbar a Sánchez sin esperar al comité de este sábado. Y, claro, arde Troya. Y se arma el Belén más bochornoso que ha montado el PSOE en más de cien años de historia.

Los barones pudieron defender la abstención a Rajoy pero no lo hicieron públicamente ni en los órganos internos. Prefirieron hacer de zangolotinos en las tertulias y con periodistas afines. Y, claro, Pedro no es Willy Brandt pero tampoco idiota. Y se ha atrincherado en una postura razonable y coherente: que quien quiera dejar gobernar al PP, lo diga mañana abiertamente. Dicen Susana Diaz y Madina que el sitio del PSOE es la oposición. Pero para que haya oposición tiene que haber gobierno. Ergo si no quieren gobierno alternativo ni terceras elecciones (qué triste escuchar a Madina esta mañana titubeante y cínico), ¿qué quieren los críticos que haga el PSOE? ¿Por qué no hablan claro?

Los medios presentarán a Sánchez como un tipo que quiere aferrarse al sillón. A mí me parece un político decente al que quieren hacer caer por un método indigno para un secretario general elegido por la militancia. La única salida razonable ahora, dado el destrozo hecho esta semana, es un Congreso Extraordinario que dirima la dirección nueva y la estrategia a seguir. Creo que una gestora (rota la disciplina de voto en el grupo parlamentario) es un subterfugio no sólo para echar a Sánchez por la puerta de atrás sino para investir a Rajoy. El golpe del miércoles no fue solo orgánico. Y por eso las tropas sacaron los tanques en cuanto Felipe dio el aviso a las 8 en la SER. Y por eso la gerontocracia del partido (Rubalcaba, Bono) insiste en que primero es España y luego el PSOE. O sea, primero hacer presidente a Rajoy (aunque sea en el descuento) y luego un Congreso a mayor gloria de Susana Díaz o cualquiera que aspire a recoger las ruinas.
El PSOE ha perdido 6 millones de votos desde 2008. Lo ha hecho, sobre todo, por la izquierda. La abstención del PSOE a Rajoy sería un cheque en blanco no sólo al PP sino a Podemos. Si alguien cree que Díaz o Vara, o incluso Madina después de su papelón en las últimas horas, pueden frenar la sangría, es que vive en Júpiter. Pero no en la España de 2016, ajada de paro y corrupción pero también harta de luchas intestinas.

Sánchez ha enviado hoy un mensaje valiente. Quiere que se coman el ‘sí’ a Rajoy los que llevan meses defendiéndolo, pero siempre con ambigüedades y nunca en público. Y si el Comité defiende la abstención, él se va. Y eso en mi pueblo se llaman agallas y coherencia porque a nadie se le escapan las presiones. Internas y externas.

Pase lo que pase, el roto en el PSOE es tan hondo, tan profundo, de tanto calado, que es difícil predecir las consecuencias a medio o largo plazo. No sólo para este partido sino para el conjunto de la política española. Lo que sí sabemos a estas horas es que Pedro Sánchez es un líder que no lo parecía, y que es fácil palpar el respeto que ahora mismo genera su persona en la izquierda. La misma izquierda que nunca le votó.

Y una última cosa: resulta deleznable, tremendamente degradante para quienes impulsaron esa campaña y los corifeos que la secundaron, que tanta gente del PSOE en las últimas horas se haya dedicado a hacer la guerra a Sánchez a cuenta de atizar el anticatalanismo. De un partido como el PSOE se espera elevar el nivel político e intelectual. Con rigor y respeto. Lo que no es admisible es recurrir a las vísceras contra Cataluña por muy de baja estofa que sea el debate interno en el que algunos quieren instalar a un partido como el PSOE, que siempre fue respetuoso con la ley, sí, pero también audaz a la hora de gestionar las singularidades territoriales.

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